Te voy a contar esta
historia que paso ya hace mucho tiempo.
Mario era un joven
alegre , el mayor de tres , tenia dos hermanas menores . Su madre trabajaba
en un mercado urbano y su padre, era un vendedor viajero que lo forzaba a
ausentarse de casa por largos periodos de tiempo. Mario asistía al mismo
colegio donde era muy admirado por sus compañeros de curso, debido a su incesante
alegría. Día a día llegaba a clases con nuevas bromas y su sentido de humor
era inagotable. Una vez hicimos un pacto, después que Mario revisara mis dibujos
y le gustaran mucho. Decidimos producir una revista de caricaturas para la
familia y tal vez para los amigos mas cercanos. Nos juntábamos a discutir los
temas, los personajes, los diálogos. Cada vez nos fuimos haciendo mas y mas
cómplices en nuestra búsqueda de la fuente infinita del humor. Nos reíamos
de todo, de nuestros padres, de los curas católicos y los sacramentos, de
los amigos. La revista nació y fue muy bien recibida todos. Yo hacia los dibujos
y Mario les daba vida con sus comentarios y anécdotas. Los globitos de las
historian eran inagotables. Recuerdo por ejemplo que por ese tiempo habíamos
cumplido ya 13 anos, y la curiosidad nos llevo a probar escondidos nuestro
primer cigarrillo. Era la complicidad de la adolescencia y de trasgresión inocente
de los limites. Amigos en la culpabilidad y el riesgo. El año 1973,
fue un año difícil Primero, el país se debatía entre la cordura y el
crimen. Los muros de la ciudad se llenaron de rayados que llamaban a detener
la conspiración que se preparaba, mientras otros rayaban sus llamados a eliminar
a los que apoyaban al gobierno. Las huelgas se repetían cada día, y la prensa,
su mayoría opositora al gobierno de aquel entonces, usaba sus programas para
aumentar las tensiones que crecían día a día. Las
vacaciones de invierno de ese ano comenzaron bien. Nosotros acostumbrados
a que los profesores nos agobiaran con tareas para ese periodo frio y lluvioso
de mitad de ano, aun así, encontrábamos tiempo para seguir escribiendo y dibujando.
En
ese tiempo esas vacaciones duraban tres semanas y eran en Julio. Durante
la primera semana de esas vacaciones estuve muy resfriado y caí en cama. Abrigado
y sin mayor entretención que mis lápices y cuadernos, esperaba angustiado
la pronta mejoría para volver a mis andanzas, ver la calle, jugar con mis
amigos. Mario. fue a visitarme
y hoy lo veo, como si fuera solo ayer, caminando hasta mi casa con su abrigo
gris y su bolso cruzado a la espalda. Nosotros, muy niños entonces, vimos
la oportunidad para continuar con nuestra misión; reírnos de medio mundo y
elaborar nuestra revista con nuevas aventuras. Los
personajes eran sacados de la realidad inmediata, y a veces representaban
sujetos cercanos a nosotros. nos reímos de sus historias tontas, nos reímos
de nuestra miserable existencia, coloreando así el gris de ese invierno. Entre
mi enfermedad y la visita de Mario ocurrió un milagro. Su humor me recupero
la salud al instante y al día siguiente de su visita pude levantarme por primera
vez. Al siguiente día, ya mejorando
leía en el living de mi casa matando las horas de esas interminables vacaciones
cuando golpearon mi puerta. Yo
alegre, pensando que ya Mario volvía a contarme su historia o lo que ya
había
inventado, abrí la puerta. Era otro de mis compañeros de curso, quien serio
me pidió entrar. Muy triste
dijo que traía malas noticias; yo pensé: Mario-me dijo-ha muerto. Mi
cómplice del humor, el mas alegre de mis compañeros de curso, se había quitado
la vida la noche anterior. Su
madre se había enfadado con y Mario en un arrebato de rabia y culpa , entro
a su pieza, y cerro firmemente la puerta. Esa
noche, cuando su padre volvió del trabajo y le pregunto a su esposa donde
estaba su hijo , ella le contesto que. Mario se había ido a su pieza enojado.
El padre, queriendo
aclarar las cosas lo busco sin recibir contestación. Trato de abrir la puerta
de la pieza pero no pudo. Usando toda su fuerza se lanzo contra ella para
forzarla a abrirse y allí lo encontró; Mario se había colgado usando uno de
los cinturones de su padre. Sus
funerales fueron muy dolorosos, pero allí en el ataúd, frente a los estudiantes
de mi colegio, estaba Mario mas alegre que nunca. Yo
me exigía explicaciones, porque, como, para que y esas angustiosas cuestiones
que le vienen a cabeza en momentos como ese. En
un momento no pude mas y salí de la iglesia donde velaban su cuerpo. Tal
vez un poco de aire fresco me dieran claridad. Solo tenia una pregunta; Como
terminaría esta historia de humor negro? Que mas podría pasar? Mientras
estaba en eso, algo muy fresco me recorrió de la
cabeza hasta el cuello. Por un
instante mir hacia arriba. Palomas friolentas se acurrucaban de los salientes
del edificio de la iglesia .Una de ellas voló en ese instante y estoy seguro
que vi a Mario volar junto a ella. Entonces
entendí; el que ríe ultimo pensé, ríe mejor. La
sensación en la cabeza, era
solo un poco de mierda de paloma y nada mas.