REFLEXIONES
A LOS TREINTA AÑOS




Recuerdo muy bien lo que paso esa fatídica mañana de martes en mi ciudad. La recuerdo como si fuera ayer y tan solo fue ayer, las noticias de la radio, mi madre prohibiéndome ir al colegio y siguiendo instante a instante los acontecimientos. Que era cierto que el golpe venia, ya era una verdad a gritos. En una reunión local de la Democracia Cristiana, un mes antes

del golpe, el entonces diputado DC Carlos Dupre le pidió a  los dirigentes locales guardar el secreto, pero debían de prepararse porque vendría un alzamiento militar entre el 9 y el 12 de septiembre. Como lo sabia el? Hay alguien vivo que recuerde aun esa extraña reunión, y sus palabras, Como sabia eso el? La conspiración contra la democracia estaba en su etapa final.

Los autodeclarados defensores de la moral, la propiedad y las buenas costumbres y los pagados para hacer terrorismo y crear violencia, se habían aliado para echar abajo un gobierno legitimo, elegido legalmente, para después imponer una dictadura que beneficiara al sector social que se veía amenazado en sus privilegios con el gobierno de Salvador Allende y las reformas sociales que impulsaba.

Solo hoy podemos mirar el pasado y reconocer la verdad entre media tanta mentira, sangre y barbarie. En Chile este aniversario  ha estado marcado con reflexiones de ambos lados, con personeros del gobierno de Lagos y la oposición, quienes buscándole las cinco patas al gato continúan tratando de justificar lo injustificable.

La verdad es que la dictadura militar chilena encabezada por el delincuente internacional llamado Augusto Pinochet ,destruyo finalmente y tal vez por mucho tiempo las fibras esenciales de la sociedad chilena; la confianza, la creencia en la democracia, la solidaridad como valor fundamental de las relaciones humanas. Todo ello más mucho más también perecieron en el bombardeo de La Moneda.

Hasta hoy, los verdaderos culpables aun se mantienen impunes y los políticos, tecnócratas de corazón, han obviado intencionalmente lo que una vez Bill Clinton mismo reconociera

“acciones de las cuales nuestro país (USA) no debieran sentirse orgullosos" cuando se refería directamente sobre el apoyo dado a la conspiración contra Allende y a la dictadura de Pinochet.

La celebrada periodista Patricia Verdugo, en su libro mas reciente " Como la CIA ayudo a matar a Allende" relatad en las mismas palabras de sus actores , como por ejemplo, en las confesiones de Orlando Sáenz, quien durante la gestión de Salvador Allende era Presidente de la SOFOFA (Sociedad de Fomento Fabril), una agrupación patronal y ultraderechista, cobraba en cuentas binominales, los pagos mensuales hechos por la CIA, aprobado por Kissinger y Nixon,de dineros que después eran consignados a personeros del Partido Nacional, El Mercurio, el finao Jaime Guzman, la organización terrorista Patria y Libertad, y, oh vergüenza total, a individuos claves de la DC chilena. Este dinero era la ayuda concreta que el Pentágono ponía a disposición de la derecha chilena para subvertir el orden establecido y crear una situación de caos político y social, que les ayudaría para crear el montaje del 11 de Septiembre.

De todos estos personajes semi patéticos y vergonzosos,-algunos de los cuales hoy se golpean el pecho- nadie estuvo a la altura del momento, poniéndose al lado de los criminales para después justificarles. La excepción fue de quienes combatieron y lucharon contra esta fragante violación de la soberanía y la paz social, como la figura de Salvador Allende que aquella mañana, en medio del bombardeo y las balas, se puso al frente de un puñado de combatientes a defender el ultimo bastión de dignidad nacional, La Moneda, inmolándose para dejar un ejemplo de integridad y convicción.

Tanto tiempo ha pasado, cuanta sangre ha recorrido, cuantos gritos de tortura se escucharon en estos anos, cuantas fosas comunes fueron abiertas para esconder los cuerpos que quisieron ocultar, cuanta mentira  han dicho que las generaciones futuras tendrán un arduo camino para dilucidar la verdad entremedio tanta hipocresía.

Lo mas importante, creo yo, es indicar y señalar las responsabilidades donde correspondan y reestablecer la figura de Salvador Allende y los miles de chilenos asesinados , torturados, exiliados, exonerados porque ellos son la verdadera semilla de la nueva historia, la historia que nace de la justicia y la dignidad.

Esteban A Espinoza