Sin ánimo de ofender a nadie:
este es un 21 de mayo bochornoso para la Esmeralda, la dama que ha dejado al
descubierto las torturas y crímenes a bordo de su navío insigne.
Casi 30
años después, de ese poco orgulloso pasaje de la historia marina chilena, la
Esmeralda fue rechazada en su viaje de visita a España, Holanda y Suecia.
Amnistía Internacional no
necesitó disparar un solo cañonazo para detener al buque escuela chileno e
impedirle la travesía por esos puertos europeos.
Es el equivalente a su
hundimiento en Iquique en 1879, pero sin honor y con toda la vergüenza del
mundo.
Algo hay que hacer para
recuperar la dignidad, orgullo, los valores de la marina nacional y
reivindicar su buque Escuela, que sea orgullo de quienes vivimos en el
exterior, además de los ciudadanos chilenos dentro de las fronteras
territoriales de la patria.
Provengo de una familia de
origen italiano, que ha dado dos generales, uno en Chile y otro en Italia.
Uno, ing. de la marina, héroe de la segunda Guerra Mundial, y otro de la
aviación.
Y un bisabuelo catalán (la
abuela catalana también), combatió diez años en Cuba en la larga guerra
contra Maceo y Martí y regresó a Barcelona, y en sus correrías, llegó a
Chile donde hizo historia con el General del Canto.
Yo, no he disparado ni
salvas, y seguiré así, en homenaje a un hermano de mi padre que estuvo en la
Primera Guerra Mundial, como teniente, por Italia, y también regresó, pienso
que por su educación estuvo en la retaguardia, y allí prácticamente no
entran balas.
Ojalá se abolieran los
ejércitos, se destruyeran todas las armas y nos fuéramos a jugar un partido
de fútbol o a leer un libro. Difícil, una utopía quizás, porque caminamos
hacia el reame después de lo de Irak. Es lo que se vislumbra en el panorama
en Europa, Rusia y otros países que están dispuestos a hacerse respetar.
Mientras la bruma en Santiago
crece, aunque no tiene puerto, sino smog, la Esmeralda pierde el paso en su
travesía por Europa. Que este traspié sirva para evaluar la política de
Derechos Humanos de Chile, hacer las reparaciones debidas, y mirar el
futuro, después de 30 años del golpe de Estado del 11 de septiembre, con más
equilibrio, responsabilidad social, respeto, como si todos fuéramos chilenos
con los mismos deberes y responsabilidades. Chilenos de una sola clase. No
dejemos que el agua nos llegue al cuello. Y digamos, al abordaje muchachos a
nuestros jóvenes, para conquistar el futuro .