Este
año se cumplen 30 años del final
tal
vez
del sueño de
un futuro
socialista no solo
para
Chile sino tal vez para todo el mundo en desarrollo.
El 11 de septiembre un golpe de estado dirigido por el General Augusto
Pinochet, mató a un hombre especial llamado
Salvador Allende. Su muerte y la represión que le siguió marcó el final del
programa de un país que pretendió ser autónomo
y el
final de la esperanza de un futuro mejor para el pueblo chileno.
Salvador Allende fue un médico socialista que conocía mucho acerca de los
problemas de los necesitados.
Su sueño
era de recuperar los recursos naturales a través de la nacionalización y de
usar esos ingresos para subsidiar los
cambios profundos que eran necesarios para que un país no industrializado
pudiera erradicar la pobreza y, bajar el
nivel de mortalidad infantil, mejorar la educación, etc.
Durante
su periodo como Ministro de Salud bajo el gobierno de don Pedro Aguirre
Cerda, el patrocinó muchas leyes
que favorecieron a los niños y a las mujeres como fue el caso de la ley de
subsidio maternal.
Durante
los casi tres años del gobierno del partido de la Unidad Popular en
1970-73,
el Dr. Allende completó la
nacionalización del cobre, las industrias y bancos estratégicos avanzó
la reforma agraria, y dividió la
economía
en tres
áreas:
estatal, privada y mixta. También
durante ese tiempo se instituyeron muchas medidas provechosas para el
pueblo como por ejemplo el litro de
leche
para cada niño por primera vez en la historia de Chile, los veraneos
populares, la construcción de muchas
viviendas económicas y otras.
Sus ideas eran
parte de una utopía que ni siquiera el gran bloque socialista podría
sostener por mucho tiempo más.
Una nueva era venía donde los países abrirían ampliamente sus fronteras a
las nuevas importaciones y a los inversionistas
en
lugar de protegerse y proteger sus tesoros nacionales.
Las grandes
compañías multinacionales no podían tolerar que un pequeño país se opusiera
a sus planes de penetración de
sus economías.
En alianza con la CIA y con el gobierno de los Estados Unidos
dedicaron enormes recursos para
desestabilizar la economía y la sociedad chilena.
Salvador Allende, un doctor de un país largo, angosto y socialmente
consciente no pudo detenerlos pero, al denunciarlos
ante
las Naciones Unidas, al negarse a renunciar, al entregar su vida antes de
traicionar la confianza que el pueblo chileno
había
puesto sobre él, demostró al mundo que no todos tienen un precio como
muchos, especialmente en este
ambiente mercantilizado de hoy, nos quisieran hacer creer.
by
Patricia Dávila