Los últimos tres días en N.Z caminando
por su suelo, estuve buscando una palabra que definiera un sentimiento,
pero no la encontré.
Por trece
horas me eleve a 12.000 metros de altura para estar más cerca de las Musas
y esperar de ellas esa palabra, esa corta oración, no la encontré.
A esa altitud el planeta rojo, que por suerte también es rojo, se acerco
tanto a mí como mandato de la naturaleza para ayudarme en mi búsqueda.
Mire fijamente a es Dios mitológico, se veía hermoso, deslumbrante,
imponente, su silencio me hizo comprender que no encontraría jamás esa
palabra, pero mi tozudez decía que tenía que encontrarla.
Ya en tierra
de los Buenos
Aires
agudizo mis oídos para escuchar esa brisa, el suave viento que recorre el
mundo quizás recogiera de algún recóndito lugar de
este
planeta, lo que yo buscaba; y nada.
Consulté los
diccionarios de la real academia española, como ultimo recurso pero allí
tampoco estaba.
Señores del
A.L.A.C no hay palabra que pueda definir lo que quiero expresar, decir,
manifestar permítanme pues utilizar la más vulgar y conocida, sabiendo que
no expresa todo lo que siento.
Gracias por
todo.
Gracias,
porque la primera persona que se acerco a mi fue la señora Sara con la
ayuda legal que necesitaba.
Gracias, porque cuando necesitaba asistencia anímica estaba la incasable
señora Patricia Dávila
Gracias, porque cuando necesitaba ser trasladado de un lugar a otro estaba
siempre el señor Manhal.
Gracias, por que cuando necesite vital información para mi caso estuvo
Eric y Rosa poniendo a disposición a la señora Lilian para acercarme esa
documentación (que se encontraba en la Argentina) aprovechando un viaje.
Gracias,
porque cuando necesitaba hablar con alguien, cenar en compañía, estaba el
incondicional Sergio, y también recibía con particular orgullo las cartas
que me entregaba, sabiendo que esas manos entregaron cartas al mas grande
de los poetas,
a Don Pablo.
Gracias,
porque cuando más necesitaba sentirme útil y activo estuvo el señor Jorge
y al señora Iris.
Gracias,
porque tuve un compañero de cuarto (en el último tiempo) llamado Rodrigo
que con su juventud me devolvió mi espíritu juvenil.
Gracias,
Alejandro (nieto de un luchador inclaudicble que tuvo América Latina y el
mundo, que combatió con heroísmo y convicción, admirables, la soberanía y
felicidad de su pueblo). Gracias, por esas charlas juntos, por tus
escritos en Voces del Sur, que no son del sur sino del mundo entero,
gracias por seguir levantando las banderas de tus raíces, que son las
únicas que pueden salvar a los hombres.
Gracias porque
cuando tuve que ir al aeropuerto, para mi, estuvieron todos.
Todo esto
tiene un responsable, si señores tiene un responsable.
Vaya mi
gratitud eterna al presidente de vuestra organización, vaya mi
agradecimiento infinito al Magno Esteban Espinoza, que empujaba mi caso
aun cuando yo estaba vencido, cuando yo estaba abatido él me extendía su
mano para que me levantara y seguir luchando hasta el final.
Luchadores
incansables si que los hay, luchadores incansables como pocos en la
historia de la humanidad, y usted lo es señor Espinoza.
El poeta
Espinoza para mi ocupa un lugar en la galería universal de esos
personajes, usted señor Espinoza burlo la muerte en vida por presidir una
obra y llevar a la práctica lo ideológico.
Señores del
A.L.A.C siento en estos momentos ganas de seguir escribiendo, deseos de
hacerlo por días, por años, pero nunca se enterarían de estas humildes
líneas y para eso tengo que ponerle un final, creanme que no quiero, no
puedo, no se como hacerlo. Disculpen este abrupto final pero es la única
manera que encuentro para que ustedes se enteren de estas palabras.
Asociación
Latino Americana de Auckland, infinitas GRACIAS.
Fabián.
Buenos Aires
30 de agosto de 2003.