"El plan de dominación
brutal de nuestro continente se está cumpliendo en forma implacable
a través de la intervención directa del Gobierno norteamericano
y por sus servicdores" 1947 – Pablo Neruda
Los que pensamos que la defensa de la vida y la indeclinable lucha por los
derechos de los hombres en cualquier lugar de la tierra tienen el valor que
solo entrega la dignidad, no podemos pasar un 11 de setiembre sin recordar
al Dr. Salvador Allende. Este año se cumplieron veintinueve que nos
abandonó físicamente, porque lo asesinaron los mismos que siempre
matan en complicidad con los que mandan a aniquilar las ideas, pero nos sigue
acompañando en la búsqueda de los principios democráticos
y la no-violencia. Ese día miles de argentinos nos dirigimos hacia
la embajada de los EE.UU. para manifestar nuestro repudio porque conocíamos
quienes estaban atrás de golpe de estado de Pinochet sencillamente
fue el mismo Allende quién lo había denunciado ante la Asamblea
General de las Naciones Unidas tan solo unos meses antes de su derrocamiento.
Este año también se cumplió el primer aniversario del
triste y lamentable ataque contra ciudadanos civiles e indefensos en Nueva
York, a manos de elementos mesiánicos que encuentran en la muerte una
forma de vida. Más de tres mil murieron por cuestiones que no tienen
nada que ver con sus vidas privadas como ciudadanos o extranjeros, a pesar
de que sus gobernantes hacen todo lo posible para sembrar odios por todos
los rincones del mundo.
La humanidad a través de los organismos internacionales tan plagados
de compromisos y enrolados en la hegemonía del poder imperial tiene
en sus manos una deuda muy grande con la verdad y la justicia. Con el país
hermano porque tuvo correlatos y similitudes en muchas democracias latinoamericanas,
y en la intervención de los EE.UU. y las fuerzas amparadas por lo ONU.
Que han llevado el terror a tierras afganas castigadas nuevamente como desde
los tiempos que la historia lo recuerde.
El plan de terrorismo de Estado decidido y llevado a cabo por las dictaduras
en la América india durante décadas fue realizado con el apoyo,
inteligencia e instrucción de los EE.UU., contando siempre con el beneplácito
de amplios sectores beneficiados como las corporaciones empresarias y financieras
extranjeras y locales, las burguesías que se veían beneficiadas
y bajo la mirada distraída y la voz callada de la Iglesia –salvo
honrosas excepciones que terminaron persegudios y asesinados-.
Hace un año personas bajo la dirección de Ossama bin Laden -anteriormente
amigo, protegido y socio del mismísimo poder norteamericano a quién
sirvió en las cruzadas contra la ex U.R.S.S. dada su formación
e instrucción brindada por el Imperio- cometieron el primer ataque
en territorio de los EE.UU. después de la segunda contienda mundial,
lo que desató la ira y desenmascaró la peor de las facetas terroristas
de George W. Bush. Éste se presentó ante la sociedad mundial
tal cual un sheriff mundial estableciendo un nuevo escenario de represión
internacional, sendero antes recorrido por su padre en la coordinación
del desembarco de Bahía de Cochinos en Cuba (1961), su actuación
como director de la CIA (1976) y en la Guerra del Golfo (1991)
Ha sido el presidente socialista chileno quien nos dió el ejemplo cuando
señaló, horas antes de ser masacrado y bombardeado por los militares
pinochetistas en el Palacio de La Moneda, que su sacrificio no era en vano
porque será una lección moral que castigará la felonía,
la cobardía y la traición. A pesar de su desgraciada muerte,
debemos seguir pensando y sosteniendo que el pacifismo debe necesariamente
sobreponerse a los actos criminales llevados a cabo por los militares, las
corporaciones y las organizaciones mundiales apañados siempre por los
países más poderosos de la tierra.
La administración republicana estadounidense ha impuesto en el planeta
el criterio de que se está con ellos –el Bien- o caso contrario
somos todos terroristas -el Mal-. Mientras que sus presupuestos militares
aumentan como su endeudamiento interno y externo que haría insostenible
a cualquier país seguir funcionando, siguen incrementando la exportación
de sus fuerzas mercenarias –Medio oriente, Centro y Sud América,
Europa, África- que amenazan constantemente amplias regiones y presionan
desde su Reserva Federal y "sus" organismos de crédito internacionales
a cuanta nación soberana y libre exista en el mundo.
Hasta el 11 de setiembre de 1973 no se puede encontrar un solo caso de o violación
de los derechos humanos y de las libertades públicas por parte del
gobierno de la Unidad Popular en Chile, desde que en noviembre de 1970 se
hizo cargo del gobierno en elecciones libres y democráticas. El mandato
popular había sido revalidado en elecciones municipales y parlamentarias,
en marzo de los años 1971 y 1973 respectivamente, con la mitad del
electorado a su favor. Sin embargo, la intervención activa de los EE.UU.
bañó de sangre al pueblo chileno como se encargó de hacerlo
por el centro y sur del continente americano, eran las épocas que imponían
él "Bien" como el capitalismo y la dependencia mientras que
el "Mal" era el socialismo y la liberación.
Después del 11 de setiembre de 2001 miles de afganos y musulmanes han
encontrado la muerte, aún en su condición de prisioneros de
guerra, otros han sido torturados, expuesto a los peores vejámenes
que podamos imaginar, conminados a prisiones en tierras usurpadas al pueblo
cubano como la base de Guantánamo y a bases militares globalizadas
en sus países satélites. Las responsabilidades las tiene por
una parte la Alianza Afgana del Norte que tomó el poder y por la otra
sus asociados circunstanciales de la OTAN, que con el paraguas protector y
cómplice de la ONU, aseguran el control de la zona que posee el mayor
porcentaje de las reservas petroleras del planeta además del gas, metales
estratégicos y uranio; siendo el centro de la circunferencia conformada
por la Europa del oeste, las ex repúblicas socialistas soviéticas,
los países islámicos, Israel, China y la India.
Después de setiembre del 73 Chile conoció las torturas, castigos,
humillaciones, exilio, desapariciones y muertes en todo su largo y delgado
territorio. Gracias a quienes no abandonaron el trabajo diario por la verdad
hasta el día de hoy siguen siendo buscados, procesados y encarcelados
sus ejecutores. Claro que la prensa no mostraba en aquellos años las
filmaciones del estadio Nacional en Santiago lleno de cadáveres con
la misma fuerza que los estadios afganos donde también se realizaban
crímenes igualmente condenables, aunque en este caso por motivos religiosos
y no por ideológicos.
Ninguna de las denuncias sobre las violaciones y tormentos de prisioneros
han tenido cabida no solo en la ONU sino tampoco en el Comité Internacional
de la Cruz Roja, el Alto Comisionado para los Derechos Humanos o el Parlamento
Europeo que deberían defender la seguridad física, los derechos
humanos y hacer valer lo establecido por la Convención de Ginebra sobre
prisioneros de guerra. El motivo es sencillo, deberían apoyar la condena
hacia los gobiernos que detentan el poder mundial militar, económico
y financiero, manjando los resortes políticos a su gusto y necesidades.
Ahora en pleno ámbito de las Naciones Unidas bajo el aplauso de su
Secretario General Kofi Annan, Bush -el "Señor del Bien"
le dice al mundo que su próxima aventura será contra el pueblo
iraquí. Sabemos que lo hará con autorización del Consejo
de Seguridad o sin ella en forma unilateral. Cuenta con la incondicionalidad
del Reino Unido e Israel como aliados en esta verdadera temible cruzada de
sangre, muerte y solamente nos queda por esperar que los pueblos del mundo
se alcen y lo impidan porque sus gobiernos siempre temerosos y serviles, como
el argentino, darán el guiño aprobatorio.
La diferencia entre Bush y Allende es fundamental, el primero vive para matar
no solo a seres humanos sino para terminar con cualquier intento de cambiar
las reglas hegemónicas imperiales impuestas; el segundo murió
para que puedan vivir nuestras esperanzas de que otro mundo mejor y más
solidario es posible.
13 de setiembre del 2002
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