La Cumbre Mundial
del Desarrollo Sostenible, en Johannesburgo, Sudáfrica, mostró
la incapacidad de los gobiernos para evitar el deterioro del planeta. El patrón-imperio
del mundo -EE.UU.- no ofreció cambios en sus nocivas políticas
económicas y ambientales, y prepotentemente defendió el mantener
su rechazo al Protocolo de Kioto sobre el control de los gases de invernadero.
Pese a que en la declaración final se reconoció que "el
profundo foso que divide a las sociedades entre ricos y pobres, y entre países
desarrollados y en vías de desarrollo, representa la más grande
amenaza a la prosperidad, a la seguridad y a la estabilidad mundial",
las medidas para mitigar estos problemas son absolutamente insuficientes y
las promesas de Kioto, incluso originalmente insuficientes, quedaron en el
olvido.
En Chile...
En 1989, la Concertación
de Partidos por la Democracia fundó lo que fue conocido como el Pacto
de Nueva Imperial, instrumento a través del cual se comprometió
solemnemente a "valorar la diversidad cultural y a reconocer la deuda
histórica de la sociedad y el Estado chileno para con los indígenas".
Recibirían así el voto que les ayudaría a consolidar
la gobernabilidad del país.
Pero todos sabemos, por lo menos, lo ocurrido en Ralco: solapadas y abiertas
intervenciones de los gobiernos en favor de la transnacional Endesa-España,
para allanar el camino de la construcción de la represa. Bajo el marco
de la impunidad como práctica de Estado, la represa se ha transformado
en la más flagrante y paradigmática violación a los Derechos
Humanos en tiempos de democracia simulada. Es que, tal como lo señala
una conocida ecologista: "Nos estamos enfrentando a un gobierno que cuando
la legislación le molesta para facilitar inversiones, o bien la traspasa
ilegalmente o destituye a los funcionarios para cambiar decisiones y lograr
lo que pretende". Así se intervino la CONAMA, la CONADI, la Contraloría
y todos los ministerios donde tocara decidir en torno al tema.
Lagos o la palabra traicionada
En su campaña,
Ricardo Lagos acudió al Alto Bío-Bío y, en una entrevista
con las ñañas que se negaban a permutar, prometió que
los derechos individuales de las familias pehuenches serían respetados.
Sin embargo, la represa hoy lleva construido un 60% y más.
Con fecha 5 de abril del año en curso, fue publicada en el Diario Oficial
la resolución del ministerio de Economía que creó la
"Comisión de Hombres Buenos", según faculta la Ley
Eléctrica, para tasar 8 predios de las familias contrarias a la hidroeléctrica.
La tasación permitiría a la multinacional adquirir la posesión
material de los predios mediante el pago de una indemnización, pudiendo
incluso convocar a la utilización de la fuerza pública para
cumplir su objetivo.
El nombre de esta comisión es un eufemismo, porque de hacerse efectivo
su trabajo la sociedad chilena entera quedaría prisionera de la vulneración
más burda de una ley aprobada en el gobierno de Aylwin (Ley Indígena,
19.253). Los "Hombres Buenos" son buenos, pero sólo para
los intereses de Endesa-España.
Política energética errónea
Es común el
mito de que la hidroelectricidad es de menor costo que otras fuentes de energía
eléctrica, incluyendo la energía termoeléctrica generada
en centrales a gas en ciclo combinado. Sin embargo, debido a la elevada inversión
inicial propia de las centrales hidroeléctricas, la gran distancia
en que éstas se ubican respecto del consumo y la alta variabilidad
del ciclo hidrológico, la hidroelectricidad no es necesariamente más
barata que otras alternativas.
Considerando otros costos asociados, la construcción de una central
puede ser, incluso, un freno al desarrollo.
Esto sucede en Ralco. Su costo de inversión es casi tres veces el de
una central a gas de igual capacidad y su ubicación estaría
a más de 500 kilómetros de los centros de mayor consumo del
país, en una cuenca que ha mostrado una altísima variabilidad
en su caudal hidrológico. La energía que generaría Ralco
sería de mayor costo que la generada por una central a gas en ciclo
combinado, y generada con un mayor riesgo de suministro. Sin ahondar en los
costos sociales producidos por las crecidas de los caudales hacia los asentamientos
ribereños aguas abajo de la represa, como Hualqui. Cada año,
la crecida del Bío-Bío ha significado dolor en pueblos que nunca
antes sufrieron efectos negativos por la alta pluviosidad de la zona.
Pero ninguna consideración para enmendar rumbos será tomada
en cuenta por los dioses del diseño energético chileno, porque
en su estrecho imaginario siguen planteando las incomparables ventajas de
lo que ellos llaman la "verde energía hidroeléctrica".
Pero, ¡cuidado!, porque está demostrado que las represas hidroeléctricas
no son una solución para el cambio climático.
La investigación existente demuestra que la energía hidroeléctrica
es no sólo social y ambientalmente destructiva, sino que también
puede contribuir significativamente al calentamiento global.
A través de procesos de crecimiento y descomposición, los suelos,
los bosques y los humedales consumen y emiten grandes volúmenes de
dióxido de carbono y de metano, los dos gases de efecto invernadero
más importantes. Cuando con los embalses de las represas se inundan
estos ecosistemas, se está alterando completamente el patrón
de flujo de CO2 y metano a la atmósfera. Al inundarse el terreno, las
plantas y los suelos se descomponen y eventualmente liberarán todo
el carbono que han almacenado.
Así, Ralco no sólo sentaría las bases para el exterminio
cultural o genocidio del pueblo pehuenche, sino que, inexorablemente, contribuiría
al indeseado efecto invernadero.
El desarrollo como una guerra
Vandana Shiva, mujer
que ha luchado por la preservación del hábitat de las mujeres
en la India, accionar que ha canalizado por medio del movimiento Chipko (que
abrazando los árboles ha detenido la tala de bosques catedrales), nos
advierte que el desarrollo tal como se lo concreta pareciera ser una guerra
entre quienes lo pregonan y los marginados del sistema, que son los que finalmente
reciben los impactos o externalidades negativas de este desarrollo. Vandana
Shiva habla de la paradoja del desarrollo. Ella nos dice que, curiosamente,
como resultado del desarrollo hay menos tierra, menos aire, menos agua y menos
posibilidad de sobrevivencia cultural.
En el Alto Bío-Bío, menos tierras fértiles, menos hectáreas
de riego básico, menos pinalerías (lugares de donde se saca
el fruto del pehuén), menos forraje para animales, menos humo dentro
de la ruca, se ofrece en las tierras destinadas para la relocalización.
En su defecto, se ofrece más dinero, casas "más dignas",
luz y cuentas de luz, agua en cañerías y cuentas de agua: una
homogenizadora imposición para convertir a la mirada de occidente a
una alteridad que se niega a morir y que tiene derecho a existir.
Y si la voluntad del mercado triunfa, en este país donde todo tiene
su precio, quizás aquella imagen impensable de un grupo de mujeres
sacadas a la fuerza de sus territorios sagrados termine por confirmar que
las servidumbres forzadas de inundación o el exilio interno son un
recurso posible en tiempos de "democracia".
Y si la voz "muertas nos sacarán de nuestras tierras" se
mantiene en ristre como la esperanzadora utopía de una sabiduría
que sostiene, ¿quiénes de nosotros iremos con ellas?
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