Mientras en el mundo las grandes cadenas de TV nos machacaban la cabeza con las imágenes de las torres gemelas derrumbándose, en Chile varios grupos de creadores decidieron intervenir el espacio publico para decir: el 11 de septiembre de 1973 no debe ni puede ser olvidado.

Días antes del 11 de septiembre, en el sector más pudiente de Santiago, la Avenida 11 de Septiembre dejó de llamarse por algunos días de esa forma y se convirtió en la Avenida de Septiembre, provocando la reacción de diversos sectores y de la ciudadanía que día a día ocupa esa calle.
En la tarde del mismo 11 de septiembre, el Palacio de la Moneda fue bombardeado por casi 500 aviones, que esta vez no cargaron bombas, sino que su fuselaje estaba impregnado de poemas de autores latinoamericanos.
Estas iniciativas, que para los medios de comunicación no existieron, fueron una respuesta de diversos creadores que decidieron tomarse el espacio publico y conmemorar de una forma distinta, y a la vez provocativa, una fecha que para los chilenos tiene tanto significado.
El Siglo estuvo con algunos de los protagonistas, tratando de desentrañar las motivaciones de estas iniciativas que rompieron con el recuerdo clásico de los últimos años y que a la vez provocaron las preguntas que aún siguen pendientes en Chile.

Avenida 11 de Septiembre cambia de nombre

En el centro de Santiago y con una atmósfera de misterio, nos juntamos en el histórico restaurante Torre Molinos con uno de los poetas -él prefiere el anonimato- que participó en esta acción, y encendimos la grabadora.

-Háblanos de cómo surgió y se realizó la iniciativa de intervenir la Avenida 11 de Septiembre.
"Supimos, algunos meses atrás, que había varias personas interesadas en hacer lo mismo. Luego, viendo que se acercaba la fecha, les preguntamos si seguían pensando de la misma manera, y al ver que su entusiasmo había mermado, tomamos la iniciativa. Daba lo mismo que actuaran ellos o nosotros: hubiera sido imperdonable dejar pasar la ocasión sin hacer nada al respecto. Después de varias conversaciones decidimos intervenir el número 11, sustituyéndolo por huesitos, culebras, esqueletos de pescado o signos de las SS. De esta manera, el mensaje es más sutil, más lúdico. Nos da lo mismo que una calle se llame 'septiembre', pero no '11 de septiembre'. Compramos autoadhesivo negro, lo cortamos y lo pintamos de acuerdo a las dimensiones de los carteles de las calles. Por último, vino la parte entretenida: juntarnos a pegar los autoadhesivos. Lo pasamos bien".

-¿Por que un grupo de amigos decide hacer esta acción?
"¿Y por qué no? Los participantes son poetas, hay también artistas plásticos, ingenieros comerciales, estudiantes de diseño, etc. Fuimos un grupo heterogéneo de alrededor de 15 personas".

-¿Qué significa para Uds. el 11 de septiembre?
"Una fecha fatídica. No puede celebrarse ese día sin obviar la coerción física y los vejámenes a que se vio sometido un gran sector de la ciudadanía. Ninguna cifra económica, por positiva que se le considere, lo justifica. Quienes hacen fiesta del dolor de sus compatriotas, muestran un grado de insensibilidad que raya en lo estúpido".

-¿Cuál es la recepción que ha tenido esta iniciativa?
"Pensamos que nuestra acción es liberadora y se traducirá en un alivio a las personas, sin importar la tendencia política a la que se inclinen. Hasta el momento, sólo hemos recibido felicitaciones".

-¿Por qué hacer desaparecer el 11 ?
"No buscamos hacerlo desaparecer, sino evitar que se constituya en motivo de festejo. Pensamos que el 11 debe perdurar en la memoria chilena, junto al oprobio que significará para las nuevas generaciones el saber que un tipo gobernó a sangre y fuego este país y sus abuelos no fueron capaces de llevarlo a la cárcel".

-En Chile, la creatividad ha sido parte de la historia. ¿En que sentido se sienten continuadores, por ejemplo, de lo que hizo el grupo CADA en los 70-80?
"El CADA fue un colectivo de arte, nosotros somos un grupo de amigos. No tenemos postulados estéticos ni nos enmarcamos en alguna corriente política o de otra clase. Si quieres compararnos, hazlo con grupos de amigos, no con artistas".

-Los poetas que participaron, ¿no deberían dedicarse a escribir poesía?
"Y eso es lo que hacen, según tenemos entendido. De todas formas, ¿acaso no es esto poesía pura y aplicada?"

La Moneda es nuevamente bombardeada

El personaje entrevistado decide mantener en reserva su nombre, debido a que en el país aún la represión se siente fuerte. Nos indica que pertenece al grupo que ha impulsado en el ultimo tiempo las Tomas Culturales. Estas son sus palabras.

-¿Cómo nace este bombardeo de aviones cargados de poesía?
"Saliendo de lo tradicional y recurriendo a los simbolismos, para darle a esta fecha una connotación diferente. Primero, habría que decir que esta iniciativa surge de un grupo que está trabajando en las Tomas Culturales. Esta es una acción cultural artística. Se hizo una convocatoria para tratar de responder al mensaje que se trata de imponer desde el imperio, con esto de las torres gemelas. Nosotros decidimos mandar un mensaje a La Moneda: lanzamos aviones con nuestros poetas latinoamericanos. Ahí estaba Gelman, Benedetti, Dalton, Neruda, entre otros. Esa carga de poesía, de humanismo, de cultura, cayó en La Moneda de una forma participativa".

-Cuéntanos de la experiencia de este 11 de septiembre en la Moneda.
"Ese día llegamos a La Moneda luego de varios tirones que se produjeron y que yo considero buenos. Los socialistas se merecen varios tirones de oreja por lo poco y nada que han hecho por nuestro pueblo, en estos más de 10 años en que han estado gobernando. Donde las políticas culturales siguen pendientes y nuestros artistas están empezando a irse, como es el caso de Nelson Villagra y Tamara Acosta. Nos acercamos a La Moneda toda rodeada de milicos y carabineros y tiramos los 500 aviones. Nos reímos, les echamos tallas y lo más importante es que lo pasamos bien".

-¿Por qué la poesía y los aviones?
"Los aviones cargados de poesía son lo que nos han dejado nuestros poetas; algunos, muertos, otros vivos. Ellos nos han dejado su carga emocional, su carga literaria. Nosotros tomamos sus poemas y los pusimos en un avión. Nuestra idea es que esto genere contradicciones en la sociedad".

-¿Por qué crees que se están dando este tipo de respuestas creativas en el Chile del 2002?
"Hay una intoxicación, hay una claustrofobia; son las pocas posibilidades que hay de expresarse, de canalizar el malestar. Se están buscando momentos en que uno pueda romper la pobreza espiritual que hay en Chile, de esquematismos, la frialdad y la propaganda de los medios oficiales. Han aparecido síntomas tan potentes como lo de Tunick. Hay una búsqueda muy grande que de repente sale, explota. Los estudiantes son un caso: salen a la calle con una agresividad, y eso es una interrogante que la sociedad debe asumir. Yo creo que en el futuro va a haber muchas más expresiones, explosiones y volcanes que le van a cambiar la cara al país"